Hoy estoy demasiado perdido. No sé qué me pasa, pero solamente con mucho esfuerzo consigo juntar dos o tres frases para escribir alguna nimiedad, nada que tenga sentido. Voy a tener que hacerme alguna prueba para comprobar mi estado cerebral, aunque supongo que debo estar más quemado que la oreja de Niki Lauda.
Estoy como este especimen:
martes, 10 de agosto de 2010
lunes, 9 de agosto de 2010
El juego del agua
Frente a mi vivienda -¿digna?- hay un canal de riego bastante grande. Es algo muy útil según qué momentos del día, ya que de mañana sirve de acompañante para salir a dar un paseo -corriendo, caminando o en bici-, de tarde sirve para sentarse a su lado a tomar aire, y de noche, teniendo la ventana abierta, su sonido de agua corriendo sirve para relajarse hasta dormirse. Pero hay algo que nunca jamás haría, y ese algo es sumergirme en él. Tanta belleza exterior no tiene par en su interior, ya que por dentro está contaminado, su agua sucia y pestilente, y en su fondo se pueden encontrar hasta coches -robados-.
Todo esto viene a cuento de que mi canal sufre el mismo problema que mucha gente que conozco -tanto personalmente como de vista, o incluso por medios de comunicación, adiestramiento y estupidización masivos-, gente que por fuera es "bella" y en determinadas circunstancias son útiles, pero que si se profundiza en su interior solamente hay negrura y suciedad, maldad.
Por eso siempre hay que mirar bien dónde se pisa. Mirar y estudiar bien a los que se tiene alrededor, para no perder el tiempo intentando adentrarse en el interior de alguien ruin, malnacido. Para no intentar sumergirse y bucear en el canal de agua sucia.
Todo esto viene a cuento de que mi canal sufre el mismo problema que mucha gente que conozco -tanto personalmente como de vista, o incluso por medios de comunicación, adiestramiento y estupidización masivos-, gente que por fuera es "bella" y en determinadas circunstancias son útiles, pero que si se profundiza en su interior solamente hay negrura y suciedad, maldad.
Por eso siempre hay que mirar bien dónde se pisa. Mirar y estudiar bien a los que se tiene alrededor, para no perder el tiempo intentando adentrarse en el interior de alguien ruin, malnacido. Para no intentar sumergirse y bucear en el canal de agua sucia.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Historia de la Historia
Miércoles 4 de noviembre del nefasto año 2009, hoy tuve examen. Pero no examen de cualquier cosa, no, examen de Historia Económica. Si ya la Economía me parece algo totalmente absurdo por su inutilidad, imagínense lo imbécil que puede ser estudiar algo inútil... del pasado. Es decir, algo que no solamente es (fue) inútil y contraproducente, sino que encima ya pasó, hace siglos, décadas, milenios o lo que sea. En fin, el ser humano es alguien profesional en perder el tiempo con tonterías, yo creo que al nacer ya deberían darnos el diploma de Licenciados en Estupidez Aplicada, ya que el nacer es una graduación en sí. Para colmo de males, creo que me fue bien en esa porquería de examen...
sábado, 31 de octubre de 2009
Tocando la zambomba
5:13 de la madrugada en este país al O-SO de Europa. Hace mil años que no posteo, mi blog parece Prypiat (aunque ya lo parecía cuando posteaba) y me desacostumbré a escribir textos largos y de reflexión. Mis dedos ya no son los de antaño, aquellos dedos ágiles que se deslizaban sobre el teclado cual serpiente sobre el suelo de la selva. Ahora ya escribo tantas boludeces que me parece que me acabo de mandar cualquiera con lo de la serpiente y la selva, pero es igual, me da tanta paja borrarlo que lo dejo así. Y lo dejo así, además, porque supongo que borrar lo que puse y poner lo que pude haber puesto no soluciona nada; al contrario, me hace pensar más y, para colmo de males, peor. Me mandé 4 cafés al buche para poder leer algo pero no me puedo concentrar. Escribo, pero no me puedo concentrar. Meo, no me puedo concentrar, y erro el chorro. Tengo que limpiar el baño, porque con la falta de concentración dejé todo meado alrededor, y encima hasta me olvidé de levantar la tabla. Pero me entra asco, tanta escatología me pone de mal humor, y el mal humor hace que piense aún peor. Y el pensar peor hace que me ponga de más mal humor, entrando en un círculo vicioso con un diámetro equiparable al del tercer ojo de Fabián Schultz (¿Fabián?).
Y pensar que en este mismo momento, en algún rincón del mundo, algún gil estará programando un juego que le va a llevar dos semanas, ¡dos semanas!. En fin, me voy a dormir. Me voy a dormir a las 5:21 (5:21, tardé menos de 10 minutos en escribir una zarpada parrafada de boludeces sin sentido, ¿dan algún premio Guinness por eso?, ¡ya podrían!). A la mierda, me aburrí. Hasta la próxima.
Y pensar que en este mismo momento, en algún rincón del mundo, algún gil estará programando un juego que le va a llevar dos semanas, ¡dos semanas!. En fin, me voy a dormir. Me voy a dormir a las 5:21 (5:21, tardé menos de 10 minutos en escribir una zarpada parrafada de boludeces sin sentido, ¿dan algún premio Guinness por eso?, ¡ya podrían!). A la mierda, me aburrí. Hasta la próxima.
sábado, 8 de agosto de 2009
Reflexiones de madrugada
Me apena que mi blog esté tanto tiempo sin actualizar. Me apena tanto, que a las 5:27 de la madrugada me pongo a escribir. Claro que voy a media máquina, en parte porque mi materia gris no funciona con tanta lucidez en este horario, y en parte porque no quiero despertar a toda la casa con el repiqueteo de las teclas. Pero, al fin y al cabo, supongo que debo reconocer que esta porquería sin seguidores al que llamo blog se convirtió en parte de mi vida. O será que si empiezo algo, no me gusta verlo inacabado, ni en estado de abandono.
Y ya que estoy acá, con un puñado de cuadraditos con letras y un rectángulo luminoso con colores delante mío, voy a reflexionar. Pero no a reflexionar sobre cualquier cosa; quiero reflexionar sobre la reflexión. Reflexionar sobre la reflexión es útil, quizá no tanto como reflexionar sobre la economía o la inevitable necesidad de cumplir un horario de trabajo que se trague tu vida completa con tal de ganarte eso que llaman vida (es curioso ver cómo me pongo de sarcástico a estas horas...), pero es muy útil. ¿Por qué? porque reflexionar es lo que nos hace ser nosotros mismos.
Reflexionar nos lleva por el buen camino. Reflexionar es esa acción que realizamos cada tanto, para ver qué rumbo estamos llevando, qué expectativas hay, qué podemos esperar de nosotros mismos. Reflexionar es algo que muchos creen hacer, pero que muy pocos hacen realmente. Reflexionar es preguntarte "¿estoy haciendo todo bien?", "¿estoy traicionando mis valores, o sigo fiel a ellos?", y responderte francamente. Reflexionar no es una autocompasión, ni ese autoconvencimiento de decir "sigo siendo el mismo de siempre, un tipo honrado" cuando sabés que te volviste un hijo de puta. No es decir "mis acciones no hacen ningún mal a nadie", cuando sabés que en realidad dejan un rastro sanguinolento de emociones y almas rotas.
Supongo que reflexionar es (o fue, en épocas anteriores) algo inherente al ser humano, si bien con el tiempo fuimos prescindiendo de la reflexión, así como prescindimos de el apéndice o las muelas de juicio. La involución de nuestra sociedad nos convirtió en apisonadoras, incapaces de reflexionar sobre nuestras acciones (o, más probablemente, temerosas de encontrar la triste verdad sobre nuestros actos).
Y ya que estoy acá, con un puñado de cuadraditos con letras y un rectángulo luminoso con colores delante mío, voy a reflexionar. Pero no a reflexionar sobre cualquier cosa; quiero reflexionar sobre la reflexión. Reflexionar sobre la reflexión es útil, quizá no tanto como reflexionar sobre la economía o la inevitable necesidad de cumplir un horario de trabajo que se trague tu vida completa con tal de ganarte eso que llaman vida (es curioso ver cómo me pongo de sarcástico a estas horas...), pero es muy útil. ¿Por qué? porque reflexionar es lo que nos hace ser nosotros mismos.
Reflexionar nos lleva por el buen camino. Reflexionar es esa acción que realizamos cada tanto, para ver qué rumbo estamos llevando, qué expectativas hay, qué podemos esperar de nosotros mismos. Reflexionar es algo que muchos creen hacer, pero que muy pocos hacen realmente. Reflexionar es preguntarte "¿estoy haciendo todo bien?", "¿estoy traicionando mis valores, o sigo fiel a ellos?", y responderte francamente. Reflexionar no es una autocompasión, ni ese autoconvencimiento de decir "sigo siendo el mismo de siempre, un tipo honrado" cuando sabés que te volviste un hijo de puta. No es decir "mis acciones no hacen ningún mal a nadie", cuando sabés que en realidad dejan un rastro sanguinolento de emociones y almas rotas.
Supongo que reflexionar es (o fue, en épocas anteriores) algo inherente al ser humano, si bien con el tiempo fuimos prescindiendo de la reflexión, así como prescindimos de el apéndice o las muelas de juicio. La involución de nuestra sociedad nos convirtió en apisonadoras, incapaces de reflexionar sobre nuestras acciones (o, más probablemente, temerosas de encontrar la triste verdad sobre nuestros actos).
sábado, 1 de agosto de 2009
Los
Me apena ver cómo el mundo corre camino al abismo más profundo. Me apena ver cómo la gente se pierde entre océanos de hormiguitas estresadas gracias a una sobreactividad injustificada. Me apena que seamos tan pocos los que nos damos cuenta de esto. Pero me da una sensación de alivio al pensar que sólo lo vemos, no formamos parte de eso.
El miedo a la muerte hace que la persona quiera vivir a cualquier precio. Los que tienen miedo a la muerte tienen mucho que perder con ésta; los que no tienen miedo a la muerte, en cambio, es porque tienen poco o nada que perder, porque la vida los dejó a un lado, o quizá ellos mismos lo decidieron así. Sea como sea, una persona que tenga poco apego por la vida puede realmente ver las cosas desde afuera, como si de simples testigos se tratase. No hablo de gente religiosa que "desprecia" esta vida porque creen en una siguiente, porque al fin y al cabo están muy apegados a esta vida, creyendo que lo que hagan en ella los condicionará para vivir en un mundo ideal con nubecitas y 72 vírgenes y demás paranoias. Incluso esa gente, la que cree que después de esta vida hay otra mejor, le tiene miedo a la muerte. Un miedo infernal a la muerte. Pero yo hablo de la gente que sabe que no hay absolutamente nada que importe. No hay otra vida, ni siquiera hay esta vida. No hay nada.
A veces pienso que los demás no existen. Que son solamente extras, que están controlados por algo fuera de sí mismos, algo que juega con uno mismo poniéndole otra gente para que piense que otros comparten su situación, cuando en realidad no son más que dummies, y el único real soy yo.
Me aburrí de escribir, me aburrí de todo. Sigo escuchando música.
PD: Por cierto, el título lo puse por una canción que estaba escuchando, no se me ocurría nada más...
El miedo a la muerte hace que la persona quiera vivir a cualquier precio. Los que tienen miedo a la muerte tienen mucho que perder con ésta; los que no tienen miedo a la muerte, en cambio, es porque tienen poco o nada que perder, porque la vida los dejó a un lado, o quizá ellos mismos lo decidieron así. Sea como sea, una persona que tenga poco apego por la vida puede realmente ver las cosas desde afuera, como si de simples testigos se tratase. No hablo de gente religiosa que "desprecia" esta vida porque creen en una siguiente, porque al fin y al cabo están muy apegados a esta vida, creyendo que lo que hagan en ella los condicionará para vivir en un mundo ideal con nubecitas y 72 vírgenes y demás paranoias. Incluso esa gente, la que cree que después de esta vida hay otra mejor, le tiene miedo a la muerte. Un miedo infernal a la muerte. Pero yo hablo de la gente que sabe que no hay absolutamente nada que importe. No hay otra vida, ni siquiera hay esta vida. No hay nada.
A veces pienso que los demás no existen. Que son solamente extras, que están controlados por algo fuera de sí mismos, algo que juega con uno mismo poniéndole otra gente para que piense que otros comparten su situación, cuando en realidad no son más que dummies, y el único real soy yo.
Me aburrí de escribir, me aburrí de todo. Sigo escuchando música.
PD: Por cierto, el título lo puse por una canción que estaba escuchando, no se me ocurría nada más...
sábado, 11 de julio de 2009
Soy feliz
Hoy estoy como kiosquito de barrio en oferta. Una entrada tras otra, ya que escribo sin pensar, y me gusta. Escribir sin pensar es como ponerte a hacer garabatos en un papel, sin ningún sentido: sabés que a pesar de no tener ni siquiera una noción de lo que está saliendo de tu mente, lo que finalice te gustará, ya que será un fiel retrato de lo que llevás dentro, de lo que pugna por salir.
Es una lástima, sin embargo, que esta fertilidad no la tuviera para escribir alguna historia que me sirva para rellenar un libro, aunque sea un libro asquerosamente comercial, que me sirva para venderlo y comprarme una pastilla de manteca para tirarla al techo (y después juntarla y ponerla en una tostada). Pero bueno, me sirve para divertirme y pasar el rato, y eso es más de lo que puedo pedir. Me juego un kilo de helado a que J.K. Rowling no es tan feliz con su Jarri Póter, a pesar de haber ganado mucho dinero para comprarse muchas pastillas de manteca y tirarlas al techo, y después juntarlas y ponerlas en tostadas.
No sé, pero me cuesta pensar que alguien pueda leer su propio libro después de convertirse en el cebo de una multinacional y no odiarlo, aunque confío en que haya suficiente gente que lea sus libros antes de convertirse en cebos de multinacionales y pensar en esto, más que nada por nosotros, los que luego tenemos que comernos las publicidades de sus películas y tonterías, y también por mí, que puedo vender mi libro sin que haya tanta competencia.
Me voy a ver qué hay para cenar.
Es una lástima, sin embargo, que esta fertilidad no la tuviera para escribir alguna historia que me sirva para rellenar un libro, aunque sea un libro asquerosamente comercial, que me sirva para venderlo y comprarme una pastilla de manteca para tirarla al techo (y después juntarla y ponerla en una tostada). Pero bueno, me sirve para divertirme y pasar el rato, y eso es más de lo que puedo pedir. Me juego un kilo de helado a que J.K. Rowling no es tan feliz con su Jarri Póter, a pesar de haber ganado mucho dinero para comprarse muchas pastillas de manteca y tirarlas al techo, y después juntarlas y ponerlas en tostadas.
No sé, pero me cuesta pensar que alguien pueda leer su propio libro después de convertirse en el cebo de una multinacional y no odiarlo, aunque confío en que haya suficiente gente que lea sus libros antes de convertirse en cebos de multinacionales y pensar en esto, más que nada por nosotros, los que luego tenemos que comernos las publicidades de sus películas y tonterías, y también por mí, que puedo vender mi libro sin que haya tanta competencia.
Me voy a ver qué hay para cenar.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
